El más hermoso galeón inglés de su época, con 104
cañones, constituía una verdadera fortaleza flotante. Luego de innumerables
batallas y 60 años de servicio, irónicamente, su fin fue accidental: se quemó
en puerto por un descuido de su cocinero.
Realizado en cedro y pino, sus tallas están hechas a mano.